sábado, 22 de marzo de 2008

El paisano de Cirene

"Como pasaba por allí un tal Simón, de Cirene, que regresaba del campo, padre de Alejandro y de Rufo, lo obligaron a llevar la cruz de Jesús." (Mc 15, 21)

El dolor nos toma casi siempre por sorpresa. Muy pocas veces elegimos meternos por nuestra propia cuenta en caminos que suponen renuncias, sacrificios o dolores. En una vuelta de esquina de la vida nos encontramos, de pronto, sumergidos en una situación de dolor, de enfermedad, de muerte. El dolor, propio y ajeno, nos provoca rebeldía y bronca. ¿Por qué a mí? -nos preguntamos. Igual que Simón, el paisano de Cirene, que no tenía nada que ver con Jesús y de repente fue obligado a soportar el peso de la cruz.
Pero de a poco este Simón, en el camino, fue acompasando sus pasos malhumorados al andar manso de Jesús. Es que a Él -a Jesús- nadie le quitaba la vida, sino que la entregaba libremente, por amor. Simón aprendió de Jesús a dejar de ser sólo víctima y a hacerse protagonista de su propio dolor: aprendió a transformar su dolor en Cruz. Sólo entonces, cuando nos decidimos, como el Cireneo, a caminar tras las huellas de Jesús y ponemos nuestros sufrimientos en sus manos, el dolor deja de ser un peso inhumano y se pone al servicio de nuestra vida plena.

3 comentarios:

Eduardo Mangiarotti dijo...

Muy bueno, Cris. Me hiciste acordar un poema de Casaldáliga que dice "Maldita sea la cruz que no sea la Cruz"... el dolor por sí sólo no transforma ni santifica... pero si el dolor se vive con amor, se transforma en ofrenda, en sacrificio, en gracia.

Cristián Dodds (hijo) dijo...

Gracias por tus aportes, Edu... Muchas cosas que leí de Casaldáliga me encantaron. Encontré la que mentaste y la transcribo aquí. ¡Un fuerte abrazo!

MALDITA SEA LA CRUZ

Maldita sea la cruz
que cargamos sin amor
como una fatal herencia.

Maldita sea la cruz
que echamos sobre los hombros
de los hermanos pequeños.

Maldita sea la cruz
que no quebramos a golpes
de libertad solidaria,
desnudos para la entrega,
rebeldes contra la muerte.

Maldita sea la cruz
que exhiben los opresores
en las paredes del banco,
detrás del trono impasible,
en el blasón de las armas,
sobre el escote del lujo,
ante los ojos del miedo.

Maldita sea la cruz
que el poder hinca en el Pueblo,
en nombre de Dios quizás.

Maldita sea la cruz
que la Iglesia justifica
- quizás en nombre de Cristo-
cuando debiera abrasarla
en llamas de profecía.

¡Maldita sea la cruz
que no pueda ser La Cruz!

Pedro Casaldáliga.
Todavía estas palabras (1994)

Anónimo dijo...

Siempre me llamó la atención este "tal Simón, de Cirene". No hay ningún dato más de él en ningún otro lado, pero con ese me basta para comprender que, aún no teniendo la intención de ayudar, de cargar con semejante peso, pudo caminar, aunque más no sea un tramo, junto a alguien que lo transformó.
Creo que a todos nos pasa eso cuando vamos por el camino y "casualmente" alguien sale a nuestro encuentro para transformarnos.

De más está decir que lo felicito por el blog. Simplemente magnifico.

Abrazo.
G.A.D.