jueves, 8 de mayo de 2008

En el día de nuestra Virgen de Luján

Este año tenemos el regalo de celebrar a nuestra Patrona apenas tres días antes de Pentecostés. Estas nunca son meras casualidades: los misterios de que hacemos memoria en la liturgia se hacen eficaces, actuales... suceden "hoy". Este año la que se encarga de que los argentinos reciban bien al Espíritu Santo es la Virgen de Luján.
María es la experta en preparar, en disponer, en hacer lugar... Antes de Pentecostés, si la comunidad estaba reunida, era únicamente gracias a ella, atraída por su presencia mansa y sencilla, por su ternura y su amor maternal, que prolongaban de alguna manera la presencia del querido Jesús, el que tan misteriosamente los había dejado, haciéndoles promesas más misteriosas todavía. Los discípulos, todavía medio obnubilados, acaso más perplejos que tristes, se acercarían a ella todos los días, la cuidarían, se sentarían a su alrededor y le preguntarían por Jesús: "¿cómo era de chico? ¿A qué le gustaba jugar? ¿Hablabas mucho con él? ¿Qué es lo que más te sorprendía de Jesús...?" María, de solo estar, los atraía como por ley de gravedad. Sus silencios densos, sus manos de callosa delicadeza calladas en la falda, su mirada ardiente y pacificante, sus breves palabras tan llenas de sentido, su voz dulce que enamoraba el corazón...
Y así fue que un día irrumpió el fogoso viento del Espíritu.

María está siempre ayudándonos a recibir los regalos de Dios. Eso es lo que en difícil se dice: "medianera de todas las gracias". Y es así porque ella estuvo activamente presente cuando Dios nos hizo sus dos regalos más grandes: cuando nos dio a su Hijo (cf. Jn 3, 16) y cuando en nombre de Jesús nos dio al Espíritu, que es el Don, el Regalo con mayúscula.

Hoy nosotros, María, queremos juntarnos como hermanos alrededor de vos, y que nos enseñes a rezar, que es "hacerle lugar" al Espíritu en nuestra vida. Hoy sos la que quiere ayudarnos a los argentinos a recibir, con el Don, todos los dones que Dios nos da. Que empieza por reconocer todos los regalos que ya tenemos y que él nos sigue dando mañana a mañana... la tierra fértil, la tierra vasta, el aire limpio, el agua abundante, el pan de cada día y el mate de cada mañana.

María de Luján, enseñanos a darnos cuenta de que el don que Dios nos da somos nosotros mismos en nuestra linda diversidad... Mostrános hoy a los criollos, como les mostraste a los de Jerusalén, cómo podemos ser hermanos sin ser todos iguales, cómo puede haber "unión verdadera en cualquier tiempo que sea" aunque no hablemos el mismo idioma... Que podamos admirarnos unos a otros, sorprendernos de la diversidad unida en la común embriaguez del Amor que regala Dios.

Madre de todos los argentinos que en tu casa -abierta como la pampa que amás- sabés reunir desde el comienzo a esclavos y estancieros, a gauchos y puebleros, a porteños y provincianos, a criollos y extranjeros, zurcí nuestras heridas, y enseñanos a retejer los hilos deshilachados de nuestra bandera, rasgada por la franja enlutada de la desigualdad y la injusticia.

Patrona de nuestra tierra, que galopaste con nosotros nuestra historia, contagianos tu mirada hacia adelante, tu esperanza en el porvenir.

Virgencita criolla, luz chiquita en la inmensidad de tu santuario que nos enseñás la humildad con sólo mirarte, preparanos hoy el mate que nos siente a todos juntos a conversar al calor de tu corazón de madre, y hablanos de Jesús, que es el Señor de la historia y nuestra única esperanza. Amén.

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