jueves, 30 de julio de 2009

Lo que el signo muestra

"Te adoro con devoción, Divinidad oculta bajo estas figuras... Al juzgar de ti se engañan la vista, el tacto, el gusto, pero basta con el oído para creer... En la cruz se escondía sólo la divinidad; aquí también se esconde también la humanidad... Jesús velado..."
Toda mi vida he rezado -y rezo- con estas lindísimas palabras del santo de Aquino. Y me acostumbré a acceder al misterio de la Presencia eucarística desde esta perspectiva. Sin embargo, de unos años a esta parte me doy cuenta de que "las apariencias de pan y vino" no sólo ocultan, que esas "figuras" no sólo esconden, que las "especies" -aspectos- no sólo velan. Me terminó de convencer el Papa Benedicto en la homilía (la homilía para mí es por lejos su mejor género literario) de Corpus Christi del 2007: "Cada uno de los signos representa, a su modo, un aspecto particular de su misterio y, con su manera típica de manifestarse, nos quieren hablar para que aprendamos a comprender algo más del misterio de Jesucristo". Los signos de Dios no sólo "velan": también "develan". Y en ese paradójico juego, en esa "media luz" resultante (salú, Athonita), "revelan" el Misterio de su Amor.
Dios lo que quiere es manifestarse. Es Luz y es Amor, y se muere de ganas de revelarse. La dimensión críptica, el carácter escondedor de los signos no obedece a una voluntad de enigma o de secreto, sino a la insorteable limitación de quien está llamado a recibirlo, a entrar en él. La cristología nos lo asegura: en Jesucristo está la plenitud de la "revelación". ¿Tendríamos que considerar la humanidad del Verbo y su vaciamiento sólo como un permanente y molesto velo de su divinidad? No: en el colmo del abajamiento, en la cruz de Jesús, se manifiesta en realidad "la gloria", el corazón del Dios Trino, la entraña del Dios Amor. ¿La cruz esconde la divinidad? Sí, en cierto modo: el Gólgota no es el Tabor. Pero también la muestra.
También en la kénosis, en el abajamiento del pan y del vino no sólo hay velos y tapujos, sino mucha verdad condensada.

2 comentarios:

el Athonita dijo...

Feliz día del santo Cura de Ars! Feliz día del sacerdocio!

Celebro esta entrada, pues es un temilla que siempre me ha hecho mucho ruido: la semiología eucarística. Coincido plenamente con tu planteo: es un idioma franco, limpio, claro, una dicción bien modulada, un expresarse sin dobles sentidos, sin encriptadas claves ni tortuosos sortilegios para iniciados. Jesús Se dice tal cual es.

El idioma eucarístico casi, casi que es un lenguaje onomatopéyico.

No sólo no es rebuscado ni engañoso, sino diáfano.
De ahí la sorpresa del Señor en Jn 6, cuando le objetan que su lenguaje es duro (sklerós).
La alusión del Tantum Ergo al engaño de los sentidos hay que entenderlo en el estricto contexto poético (igual, a mi gusto, es una expresión poco feliz). Pero cuando el teólogo baja a la prosa, se esmera en precisar cuál es el único sujeto de engaño posible (ST I, q78,a3).
Mirar pan y ver su Cuerpo; mirar vino y ver su Sangre es tan sencillo como a un niño leer “mamá” y saber de quién se trata. Y tan impenetrable como lo son estas cuatro letras para un anciano analfabeto.
La Eucaristía, como lenguaje, es sincera con los sinceros... claro que no menos: astuta con los falsos...

Hay un librito, de hace como 10 años, editado por los monjes del Cristo Orante que se llama “Pan y Vino”. Son 150 páginas dedicadas exclusivamente a recorrer el alfabeto eucarístico, para que los signos de las especies ni sean un estorbo ni tan siquiera un andamiaje inocuo a la sustancia que soportan, sino que se nos ofrezcan como la más bella expresividad de un Dios diáfano y elocuente que se dice tal cual Es.

Perdón por mi verborrea.
Feliz día again.

ath.-

Cristián Dodds dijo...

Athonita:
Es un honor que haya entrado y dejado su como siempre sapiente comentario. ¡Gracias!
"Dios es como se da", Dios es como se muestra... la "economía" divina nos enseña la "teología".
A sto. Tomás lejos de atreverme a menospreciarlo. Creo que a lo que él apunta está claro. Al Adorotedevote debiéramos tenerlo grabado a fuego: cuántas veces caemos en tratar a la Eucaristía desde los "sentidos engañados", como un pan más... En este sentido, a mí no me es tan sencillo verlo, tal vez porque deba crecer en "niñez"... Y por eso rezo siempre el Adorotedevote como un acto de fe, un bellísimo acto de fe.
Dicho lo cual, supuesta esa fe, ahora gusto más lo que el signo dice de Jesús.
Si Dios quiere, en siguientes articulillos voy a hablar de algunos aspectos de lo que "el signo me dice". ¡Gracias por venir, Athonita y pase cuando guste!